02 agosto 2022

Explorator 3000

La sonda espacial Explorator 3000, lanzada con la finalidad de detectar indicios de vida en otras galaxias, ha enviado datos sorprendentes que permiten especular sobre la posible existencia de alguna forma de vida en una zona remota del universo hasta ahora inexplorada.

Los datos recibidos, procesados con la ayuda de potentes computadoras equipadas con Tecnología Cuántica e Inteligencia Artificial, han permitido la reconstrucción de imágenes fotográficas de la zona explorada. En las imágenes, aparecen formas con un sorprendente parecido con figuras humanas. El análisis de las radiaciones que emiten estas curiosas formas plantea la posibilidad de que, en un momento remoto de la historia del universo, hubieran podido albergar algún tipo de vida.

Además, al ampliar posteriormente el área observada, la sonda ha detectado otras formas similares, de contornos parecidos, y con los mismos indicios de, en tiempos pretéritos, haber albergado, quizá, algún tipo de vida, sin que de momento sea posible hacer especulaciones acerca de qué tipo de vida en concreto habría sido, aeróbica, anaeróbica, etc.

Cuando los científicos a cargo del programa de exploración intergaláctico han sido requeridos para que precisaran, con mayor exactitud, el lugar del universo donde se había producido el impactante hallazgo, han dicho que, de momento, con los datos disponibles, eran difíciles mayores concreciones. Pero que algunos indicios apuntaban a que quizá se tratara de la lejana galaxia "Sahara", atravesada por las rutas de migrantes que se dirigen al norte, sembradas de cadáveres a causa de la sed, el hambre y la crueldad de las mafias que controlan las rutas.

17 julio 2022

Los pies del gato


Buscando los tres pies al gato, se descubrió que tenía cinco. Más adelante, se vio que en realidad eran siete. Pero tras múltiples y exhaustivas comprobaciones posteriores, finalmente se demostró, de forma ya rotunda e incontestable, absolutamente definitiva, que no había gato.


15 julio 2022

Arnoldo Falcone

 

Arnoldo Falcone era un empresario del sector de la alimentación especializado en comidas envasadas que empezó a detectar un descenso sostenido de las ventas. De natural precavido, pensó que debía hacer algo, para evitar llegar a un eventual colapso de su empresa.

Solicitó los servicios de una consultoría especializada en reorientaciones empresariales, la cual, después de los pertinentes estudios de mercado, llegó a la conclusión que aquel mercado de la comida envasada estaba muy saturado, con la agravante que últimamente también se habían ido introduciendo en él grandes multinacionales, con las cuales era imposible competir.

Pero quedaba una opción, le dijeron. Si quería seguir en el sector de la alimentación, podía especializarse, identificar un sector todavía poco explotado, preferentemente un colectivo de clientes con alto poder adquisitivo, que buscara la excelencia en el producto, y que se pudiera permitir elevados gastos en alimentación. Le dijeron que, probablemente, el colectivo que más encajaba con estos requisitos... eran los perros de marca, de familias ricas.

A Arnoldo Falcone no le sorprendió nada, todo esto, ya lo había barruntado. Además, pensó que no tenían por qué ser solo los perros de lujo de las clases altas, los clientes-diana de una operación de este tipo, sino que también tenían cabida los perros de las clases medias, ya que sus dueños, con relación a sus perros, en general no reparaban en gastos, a la hora de satisfacer los deseos de los miembros perrunos de sus familias.

Arnoldo Falcone lo vio claro: abandonó progresivamente la elaboración de comida para humanos y se puso a elaborar comida para perros. Desde luego, para sus nuevos productos buscó ingredientes de primerísima calidad, porque a un perro de lujo no se le puede dar cualquier cosa. Pero, sobre todo, lo que hizo Arnoldo Falcone fue multiplicar por diez el personal contratado de la empresa dedicado a publicidad y márquetin. Porque era obvio que, del producto que elaborara, lo más importante no sería la comida, sino (este era el secreto, la clave) todo aquello que no era comida: la marca, la palabrería sobre ingredientes procedentes de agricultura y ganadería ecológicas, las referencias generales a la protección del medio ambiente, los colorines de las bolsas y los envases... Y, muy importante, fundamental: un discurso ético y filosófico que avalara sus productos para perros. Porque los amos de los perros de lujo o semi lujo no eran nada tontos ni frívolos. Al contrario, eran gente muy informada, incluso puntillosa, con estas cosas de la coherencia y la responsabilidad en tanto que ciudadanos de la "aldea global", este planeta en el que todos y todas vivimos.

El caso es que la reorientación fue un acierto, y la nueva linea de producción un éxito. La empresa iba viento en popa y, a la vista de los excelentes resultados, Arnoldo Falcone fue ampliando progresivamente su lista de productos y servicios. De hecho, con el tiempo incluyó en su catálogo "todo lo que pudiera necesitar un perro para ser feliz": fiestas de aniversarios y pipicanes móviles, excursiones al extranjero según las preferencias de las distintas razas, servicios médicos hospitalarios y a domicilio, taxis adaptados para las visitas a la peluquería, al masajista o al dentista, tampones vaginales y pañales adaptados a las dimensiones de las distintas razas, asistencia especializada durante la tercera edad, acompañamiento psicológico y espiritual en momentos de crisis (por ejemplo, cuando una perra pierde inesperadamente uno de sus cachorros), etc.

Al cabo de unos años, Arnoldo Falcone se había convertido en trillonario, y cuando entonces le llegó una suculenta oferta de compra por parte de una gran multinacional, que le ofrecía todavía más trillones, no tuvo dudas, y cerro el trato.

A partir de entonces, Arnoldo Falcone se dedicó a hacer lo que hacía años anhelaba hacer, y que no había podido hacer a causa de la necesidad de pilotar y supervisar en todo momento su empresa. Se dedicó a viajar, sobre todo, a determinados países.

Un año iba a China, otro a Vietnam, otro a Laos, o a Burkina Faso, o a Nigeria, o a Ghana... siempre con el mismo objetivo, con el mismo anhelo reprimido durante años, con la misma pulsión hasta entonces insatisfecha: comer carne de perro, en un lugar en el que nadie le criticara por hacerlo, ya que allí era lo más normal, tan normal como aquí comerse un muslo de pollo o una hamburguesa de tofu y seitán.

23 junio 2022

El panteón

Lo enterraron en un elegante y majestuoso panteón, construido con mármol blanco de Macael. Antes de morir, Tom había sufrido una larga y cruel enfermedad, un cáncer que no hubo forma de contener y que acabó provocándole metástasis generalizada, a pesar de las distintas cirugías, quimioterapias y radioterapias que recibió.

Delante del panteón, distintas personas loaron las múltiples virtudes de Tom. Su madre, con los ojos inundados de lágrimas, muy emocionada, era incapaz de articular ninguna palabra, pero dirigía miradas de profundo agradecimiento a cada una de las personas que intervenían.

Al final, entre sollozos, consiguió decir: "Nunca he amado a nadie tanto como a Tom".

Desde que la salud de Tom empezó a deteriorarse y se iniciaron las consultas médicas, los tratamientos, los ingresos en los hospitales, etc., su madre no había reparado en gastos. Vendió su segunda residencia y, luego, también hipotecó la vivienda habitual. Era necesario que los mejores médicos, los mejores especialistas, intentaran curar a Tom, era necesario probar todos los tratamientos que permitieran albergar algún tipo de esperanza.

Antes del cáncer, la salud de Tom ya había empeorado. Sobre todo, a causa de problemas en el corazón, unos problemas que había sido necesario abordar mediante una operación complicada y de alto riesgo, que llevó a cabo un experimentado cirujano de fama internacional, el mejor de todos. 

Además, Tom también tenía algunos problemas digestivos importantes, ya que era intolerante a muchos alimentos (y en cuanto a otros, nunca era seguro que no sufrieran alguna contaminación cruzada). Todo ello requería una extrema y gran dedicación diaria por parte de su madre, para evitar las descompensaciones nutricionales de Tom y los problemas subsiguientes que entonces pudieran surgir.

Su madre lo asumía todo con entereza y una gran determinación. Su hijo, Tom, era lo más importante del mundo para ella. Pero a pesar de todos los esfuerzos, finalmente llegó el fatal y terrible desenlace. Tom murió. Fue un golpe muy duro para ella. Le quedó, eso sí, el recuerdo de los años felices, antes de que Tom se pusiera enfermo y de que se iniciara su progresivo deterioro.

Vestida de riguroso luto, con los ojos anegados de lágrimas y ocultos por unas grandes gafas de sol, tras el sepelio y las despedidas ante el mausoleo, la madre de Tom se dirigió, andando insegura, con dificultades a causa de la emoción y la tristeza que la embargaban, hacia la salida. Se alejó unos pasos por el camino y, entonces, lentamente, se giró, y contempló desde fuera la entrada del cementerio, encima de la cual, con unas grandes y bonitas letras en bajorrelieve, decía: "Cementerio canino".

Al cabo de un tiempo, pasado lo peor del duelo, como la madre de Tom tenía un corazón inmenso, como tenía todavía mucha capacidad de cariño y afecto, se compró un niño y una niña yorkshire terrier, Marco y Lina, con los cuales, a partir de entonces, fue también muy feliz.


(Para Arturo, a cambio de algunos pimientos, tomates y rabanillos de su huerto, cuando se tercie)

01 junio 2022

Las lentejas

 

¿Qué ves?
¿La foto de un plato de lentejas
o un plato de lentejas?
Y si ves un plato de lentejas de verdad,
¿cuál es el plato que ves?
¿El de otra persona o el tuyo?
Es importante.
Luego, que las lentejas estén
más o menos sazonadas,
ya es secundario.
¿Qué dices?
¿Que a ti no te gustan las lentejas?
¿Y las verduras tampoco?
¿Y el arroz tampoco?
Vaya, a ver si lo adivino:
Seguramente,
comes tres veces al día,
no media vez algún día...
¿He acertado?

15 marzo 2022

Un cuento encantado perfumado


Había una vez
un cuento encantado
de color perfumado.
Y llego un caballero
que olía a romero.
Y también un armadillo
que olía a tomillo.
Y presumiendo de olores,
los dos discutieron.
Y para no enfadarse más,
los dos se fueron.
Cada uno por su lado,
como está mandado.
Colorín pintado:
este cuento pequeñito
se ha terminado.

11 marzo 2022

Niño

 

-Niño, no te tragues los mocos.
Y el niño los escupió dentro del plato de sopa.

-Niño, no te metas los dedos en la nariz.
Y el niño se los metió en el trasero.

-Niño, no te quites la chaqueta.
Y el niño se quitó los pantalones.

-Niño, no metas los pies en el charco.
Y el niño metió la cabeza.

-Niño...