12 octubre 2021

Los siete cerditos y las perdices intoxicadas

 

Había una vez siete cerditos, quince enanitos y tres mil dálmatas que comieron perdices intoxicadas con pienso basura. Y a causa de ello, murieron muy infelices, con los ojos desorbitados y después de dolorosos retortijones, diarreas imparables y vómitos pestilentes.

Lo cierto es que habrían podido sobrevivir, pero eran cerditos pobres, perritos pobres, enanitos pobres. Y como eran tan pobres, no se pudieron comprar los medicamentos que los habrían curado, porque eran muy caros. 

Los laboratorios farmacéuticos que fabricaban aquellos medicamentos decían: "Las patentes son las patentes". Y no permitían que se fabricaran genéricos de aquellos medicamentos, para que fueran más baratos. Lo prohibían, y se quedaban tan anchos. Les era igual, que murieran cerditos, perritos o enanitos. Sobre todo, porque eran pobres.

Esta es la asquerosa y verdadera historia, y lo demás todo son pamplinas y mentiras.

15 septiembre 2021

El cielo de los pobres


Después de morir, subió al ascensor y pulsó el último botón, "Cielo".

Pero un piso antes de llegar, el ascensor se detuvo, se abrieron las puertas, y vio que en el rellano había un cartel: "Cielo de los pobres".

Vio también un fraile con un hábito raído, y le preguntó: "¿No se puede subir al cielo de arriba?"

Y el fraile, con una cara triste, resignada, y con una voz cansada, le dijo: "Si todo el mundo subiera al piso de arriba, ¿quién lavaría y plancharía las túnicas de los santos? ¿Y quién cocinaría los pastelillos de mazapán de las meriendas celestiales?"

Y a continuación el fraile añadió: "A ver, ¿qué prefieres?, ¿lavandería o cocina?"

13 septiembre 2021

Las medicinas


De poco comer, poco dormir y mucho trabajar, Anselmo Labrador iba escaso de salud.

Y el médico le dijo: 

-Anselmo, estás enfermo, has de tomarte la medicina: comer más, dormir más y trabajar menos:

Y Anselmo le contesto:

-Señor médico, usted sabe que estas medicinas son muy caras, yo soy pobre, y no las puedo pagar.

Y ocurrió lo que ocurrió. Al cabo de un tiempo, no mucho, sin tomar las medicinas que el médico le había recetado, Anselmo Labrador empeoró, empeoró todavía más y, al final, murió absolutamente desnutrido, absolutamente agotado. 

Por no haber tomado las medicinas que el médico le había recetado. 

10 mayo 2021

Había una vez un cuento

 

Había una vez un cuento tan diminuto que había que leerlo con un microscopio.

Había una vez un cuento tan largo que había que escucharlo estirada en el sofá y durmiendo.

Había una vez un cuento tan triste que era mejor no contarlo.

Había una vez un cuento tan tonto que de tan tonto te partías de risa.

Había una vez un cuento tan poco duradero que había que inventarlo cada vez.

Había una vez un cuento mandinga que sólo lo entendían los mandingas.

Había una vez un cuento siberiano que había que escucharlo con un abrigo de piel de oso, manoplas y gorro de piel de castor.

Había una vez un cuento. Por suerte. Porque el problema sería si un día no hubiera ningún cuento.

07 abril 2021

Juanito Mendoza

Juanito Mendoza se entrena cada día duramente. Quiere correr los 5.000 metros lisos en menos de 15 minutos. Calcula que, así, cuando llegue el momento, la policía fronteriza no podrá atraparlo.

10 marzo 2021

Activismo ecológico

¿Te preocupa el medio ambiente? Recuerda que la contaminación cero es posible: ¡Suicídate!


04 marzo 2021

Curso de relajación

Belén se ha apuntado a un curso de relajación.

-Respira hondo, despacio- le dice la monitora.

Belén sigue las instrucciones, y respira hondo, lentamente.

-Ahora, deja pasar los pensamientos, no les hagas caso, imagina que son hojas secas que un viento suave las arrastra, se las lleva.

Y Belén lo imagina. Y poco a poco se va sintiendo liviana, serena.

Luego Belén vuelve a casa. Mira las noticias, y ve que otra patera se ha hundido en el mar. Y que todas las personas que iban en ella han muerto ahogadas.

Belén respira hondo, despacio. Y se relaja, se relaja, se relaja...

Ya nada la inquieta.